The Lumineers en Chile 2026: La emoción de un show que conecta desde lo más humano
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Agustina Salinero | Viernes 1 de mayo 2026
Fotografías: @lukascruzat
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Hay conciertos que se disfrutan, y otros que se sienten. Lo de The Lumineers en Chile 2026 fue, sin duda, de esos que se quedan dando vueltas en el pecho mucho después de que termina la última canción.

En su tercera visita a Chile, la banda liderada por Wesley Schultz construyó un espacio donde, por un par de horas, todo lo demás dejó de importar. Desde el inicio, con “Same Old Song”, el ambiente se volvió íntimo, casi como si cada persona en el recinto estuviera viviendo una experiencia personal, pero al mismo tiempo compartida.

El recorrido por su discografía se sintió natural, como una historia que avanza sin apuro. “Flowers in Your Hair” aportó esa nostalgia que te transporta a los inicios, mientras que “A.M. RADIO” y “WHERE WE ARE” mostraron a una banda que sigue explorando nuevas formas de emocionar sin perder su identidad. “Ho Hey”, por supuesto, fue uno de los puntos más altos de la noche. Cada voz del recinto se sumó como si esa canción, en ese momento, fuera de todos.

Uno de los instantes más cercanos llegó con “BRIGHTSIDE”, cuando Schultz bajó del escenario y caminó entre la gente. No hubo distancia, no hubo barreras. Solo un artista y su público compartiendo una canción, mirándose a los ojos, cantando juntos.
Hubo momentos de contemplación profunda con “Slow It Down” y “Charlie Boy”, donde el silencio del público también se transformó en parte del espectáculo.

Canciones como “Sleep on the Floor” y “Gloria” encendieron esa conexión colectiva que caracteriza a la banda. Cuando sonó “Ophelia”, el Movistar Arena volvió a convertirse en un coro masivo, reafirmando ese vínculo emocional que The Lumineers ha construido con su audiencia a lo largo de los años.
El show tuvo algo especial y es que no necesitó exageraciones. La puesta en escena, las luces y el sonido estuvieron al servicio de la emoción. Todo fue cálido, preciso, bien pensado. The Lumineers demostró ser una banda más madura, más segura de lo que quiere transmitir, pero fiel a esa esencia simple que los hizo conectar desde el principio.

En la recta final, canciones como “So Long” y “Cleopatra” aportaron esa carga emocional que prepara el cierre, dejando al público completamente entregado. Y cuando finalmente llegó “Stubborn Love”, todo encontró sentido, el canto colectivo, la energía, la emoción acumulada. Porque al final, eso es lo que deja esta tremenda velada, la sensación de haber estado en el lugar correcto, en el momento justo. Y de haber recordado, aunque sea por un rato, lo importante que es simplemente sentir.










