Tan Biónica en Chile 2026: Esa curita capaz de sanar las heridas del alma
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Homero Ramírez | Lunes 7 de septiembre 2026
Fotografía: Luis Marchant
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Tan Biónica ofreció el cuarto concierto de su extensa carrera musical, este domingo 6 de septiembre en Santiago de Chile. Chano no tenía una claridad redonda sobre hace cuánto que no pisaba la capital que le implica cruzar la Cordillera de Los Andes, y soltó que hace mucho. La gente enérgica le corrigió: había sido en 2025. Aunque de todas maneras, ese show del Movistar Arena (hoy Santander Arena) no pasaba de ser un reencuentro esperado por una década. Con las ansiedades características. Esta vez, hubo espacio para el pasado, el presente y una mirada al futuro. Cada pieza estaba en su lugar.

Y esa fue una tónica del concierto: los fans participando de las dinámicas, conversando con sus ídolos, opinando en medio de las máximas que planteaba Chano, y emocionándose hasta las lágrimas con éxitos que han edificado su vida. Gritándole qué canción tocar y un “te amo” para cada uno, todo el rato.
Es que tan biónica es una banda que cala profundo en las fibras más sensibles del “piberío biónico”, una fanaticada de carácter mundial, que desde el regreso está llenando estadios con euforia y reunión familiar.

Anoche, en el Teatro Caupolicán, que tenía cubierta la platea más alta, pero aún así unos 4.000 presentes, estábamos los del 2025. También los del 2014 y 2015, en esos históricos, conciertos en el teatro, nescafé de las artes y en la feria pulsar, allí en Estación Mapocho. Pero y como sucede con bandas del rock pop argentino y sudamericano como El Cuarteto de Nos, en medio de la Cancha y los asientos se veían niños, adultos cercanos a los 50, treintañeros, y un sinfín de edades, que permiten entender un fenómeno que pasó de ser de nicho a alcanzar una escala intergeneracional.
Chano lo dio todo en el escenario. “Arruinarse” fue el primer peak. Diega rapeó como le gusta. Soltando la batería por el momento inédito. Se calentó el ambiente, al ritmo de “Ella”, “Beautiful” y “Música”, y el cuarteto empezó a entender que cada alma presente estaba ahí por una razón superior.

Es que prácticamente no habían infiltrados. Cuando Tan Biónica reúne, suele hacerlo con sentido. Tal vez no son los 80.000 de River, ni tampoco el Vélez completo, pero los chilenos que se acercaron hasta el coloso de San Diego no solo vieron un acto musical: fueron parte de la historia grande de la banda.
Las emociones de “El duelo”, qué es una etapa, de hecho, a la orden del día, lo mostraban a Chano con los ojos vidriosos. Después, el frontman iba a confesar que le daba un poco de vergüenza demostrarse así. En medio de sus “aguante Chile”, Chano se mostró vulnerable. Supeditado a sus emociones. Atado a entregarse. Por los suyos que ha atesorado siempre, pues aquí los cuatro son amigos, esos amigos desde y para toda la vida, y por una fanática que estaba loca por más, ávida de música que cala profundo en sus playlists.

Tan Biónica es una banda para sentarse a digerir. Tiene una lírica franca que nunca ha escatimado en demostrarse sintiente. En el segundo bloque, es más, apeló a la intimidad que puede lograr un gran acto acústico. Ya Bambi, el hermano de sangre de Chano, contaba con su justa, ovación tras una interpretación maestra de “Mil días”, uno de los destacados de “El Regreso”, el motivo de esta gira. Su razón de ser.
Ya más desconectados de lo ‘biónico’, “Loca”, “Tus cosas” -con Chano y Bambi a dueto-, “Pastillitas del olvido” y “La invención” trasladaron a los 4.000 en el teatro a los porqués de esa conexión tan especial con el supergrupo, que volvió cuando el líder se hartó de la soledad y los juntó casi sin previo aviso. Cuando Seby ya había vendido todos sus amplificadores y alguna que otra guitarra representativa.

Es más: los momentos de “Pastillitas…” y “Obsesionario en La mayor” era ver semblantes cristalizados, en la tarima y en la cancha, por esa emoción tan rica que es sentir y defender ese derecho natural.
“Ciudad mágica”, “Mis noches de enero” y “Hola mi vida” entraron en la categoría de los karaokes de la noche, con el público, saltando al ritmo de la instrumentación. Chano avisó, después del set acústico, que ese iba a ser el mejor momento del show.
Algunos tuvimos que secar nuestras lágrimas y simplemente entregarnos a reír de felicidad con “La melodía de Dios”, más que un himno, una declaración. Seby bajó a hacer el solo final al borde de la reja. Chano ya se permitía sentir de todo y no quería guardarse nada (y eso que es el inicio de una gira muy extensa). Tan Biónica es esa curita que no solo tapa, sino que sana las heridas del alma.

El concierto terminó con regalos para todos. Seby debe haber lanzado unas 30 uñetas porque llovían. Bambi las que encontró. Diega regaló una baqueta a una menor que estuvo toda la jornada cantando sobre los hombros de su familiares. Chano ya no sabía qué más dar. A este servidor le tocó un setlist en su cuarto encuentro con el grupo que lo reencantó con Sudamérica y sus posibilidades en la música. Después del último abrazo y la mirada perdida de los cuatro de rol protagónico, una reverencia y las luces se apagaron.
El equipo de producción registró cada momento con cámaras profesionales, en una noticia estelar para el piberío biónico de Europa, Norteamérica, Argentina y el resto de nuestro continente.
Chano, minutos antes, ya adelantaba un viaje a Bogotá para los suyos y una noche de descanso o festejos para quienes vibraron fuerte con Tan Biónica un 6 de septiembre del 2026.









