Sticky Fingers en Chile 2026: energía, emoción y un Caupolicán completamente rendido a la banda australiana

Agustina Salinero | Miércoles 19 de agosto 2026
Fotografías: @lukascruzat
Síguenos en todas nuestras redes sociales como @allaccesscl
Sticky Fingers en Chile 2026 volvió a demostrar por qué su conexión con el público nacional se mantiene intacta
Un miércoles cualquiera terminó convirtiéndose en una de esas noches que difícilmente pasan inadvertidas. Desde temprano, los alrededores del Teatro Caupolicán comenzaron a llenarse de seguidores que esperaban el regreso de Sticky Fingers, una banda que ya conoce de sobra la intensidad del público chileno.
Y una vez que las luces se apagaron, quedó claro que esta quinta visita al país no sería una más. La agrupación australiana regresó a Chile con una sobrecarga de energía que terminó recorriendo cada rincón del recinto de San Diego. Esta vez, además, con un elemento que inevitablemente marcaba la jornada: Claude Bailey, quien asumió las voces durante esta gira en reemplazo de Dylan Frost, histórico cantante de la banda.

El desafío no era menor. Frost forma parte de la identidad que los seguidores construyeron alrededor de Sticky Fingers durante años. Sin embargo, Bailey llegó dispuesto a apropiarse del escenario y, durante buena parte de la noche, consiguió algo que parecía difícil: hacer que el público se concentrara en el presente.
Con “Enter Sandman” de Metallica sonando como introducción, los integrantes aparecieron sobre el escenario para saludar a un público que llevaba varios años esperando volver a encontrarse con ellos.
Desde ese primer momento apareció también uno de los ingredientes que forman parte de la personalidad de Sticky Fingers: el humor. Daniel Neurath, tecladista de la banda, volvió a demostrar que el escenario no necesariamente tiene que ser un espacio solemne. Su aparición en calzoncillos, acompañado de una pelota de fútbol que posteriormente lanzó hacia el público, provocó las primeras grandes risas de una noche que tendría muchos momentos de complicidad.

El concierto comenzó oficialmente con “Land of Pleasure”, canción que da nombre al disco publicado en 2014 y que se ha convertido en una de las piezas más queridas por los seguidores de la agrupación. Desde sus primeros acordes, la respuesta fue inmediata,
Sticky Fingers no necesitó demasiado tiempo para conseguir que el público saltara y cantara. La banda fue construyendo el espectáculo desde una fórmula que conoce bien: reggae, rock, psicodelia, pop y elementos electrónicos conviviendo dentro de un mismo universo sonoro. La primera parte del concierto continuó con “Sad Songs”, “Outcast at Last”, “If You Go”, “These Girls”, “Gold Snafu”, “Rum Rage”, “Cool & Calm”, “Saves the Day” y “Bootleg Rascal”.
No se trataba solamente de cantar. El Teatro Caupolicán se transformó en un espacio de movimiento permanente, con un público que saltó, bailó y acompañó prácticamente cada palabra. Para una banda cuya música depende tanto del groove, tener a un recinto completo reaccionando de esa manera es probablemente una de las mejores señales de que la conexión continúa intacta.

Uno de los principales focos de atención estaba puesto inevitablemente en Claude Bailey.
Tras la primera parte del concierto, la banda regresó al escenario en un formato más íntimo para interpretar “Cyclone”, “Love Songs” y “Not Done Yet”. Con Seamus Coyle acompañándolo, Bailey consiguió generar una conexión distinta con el público. La intensidad bajó por algunos minutos, pero la atención aumentó. Fue probablemente uno de los momentos en que más evidente se hizo que la banda estaba atravesando una nueva etapa.
Durante ese segmento, Paddy Cornwall, bajista de Sticky Fingers, tuvo que abandonar el recinto para dirigirse a un hospital después de presentar dificultades para respirar.

Freddy Crabs regresó posteriormente al escenario para explicar al público lo ocurrido.“Tengo malas noticias. Paddy acaba de ir al hospital”. La preocupación fue evidente, pero el tecladista rápidamente intentó tranquilizar a los asistentes. “Está bien. Tuvo dificultades para respirar. Ahora está bien”. La banda, sin embargo, enfrentaba una decisión compleja: continuar o suspender el espectáculo.
La respuesta llegó desde el propio Paddy. Según explicó Crabs, el bajista quería que el concierto continuara, por lo que Sticky Fingers decidió seguir adelante, aunque con un setlist reducido y con un técnico de la agrupación ocupando temporalmente el puesto del bajo.

Con el escenario nuevamente preparado, Sticky Fingers decidió cerrar la noche con algunos de sus mayores éxitos. Y si la primera parte había sido intensa, el tramo final directamente llevó al recinto a su máxima capacidad emocional. “Australia Street”, “How To Fly”, “Liquorlip Loaded Gun” y “Freddy Crabs” fueron parte de ese cierre en el que el público volvió a entregarse por completo.

La quinta presentación de Sticky Fingers en Chile difícilmente será recordada solamente por su música. Será recordada por el debut de Claude Bailey frente al público nacional, por la energía desbordada de una banda que todavía sabe cómo dominar un escenario y, especialmente, por una situación inesperada que puso a prueba la capacidad del grupo para continuar adelante.
En una noche que comenzó con Metallica, siguió con reggae, rock, psicodelia y pop, y terminó con miles de personas cantando los clásicos de la banda.









