Roxette en Chile 2026: Los clásicos del ayer que verán el mañana
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Homero Ramírez | Miércoles 22 de abril 2026
Fotografías: @lukascruzat
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El regreso de Roxette a Chile tuvo tintes especiales y un mood nostálgico de principio a fin.
Pese a que el dúo se reinventó, pues la muerte de Marie Fredriksson los había borrado de la escena musical, al frente de sus fanáticos hay una versión que funciona y que respeta el camino recorrido en la primera gran etapa de 10 álbumes y el reconocimiento generalizado.

Tras un arranque tímido, Lena Philipsson se empoderó y comenzó a entrelazar su voz con la de Per Gessle, el líder de Roxette, al punto de lograr una simbiosis muy apreciada en un Movistar Arena que -al menos en la cancha- no duró sentado ni un minuto de un concierto de casi dos horas.

Clarence Öfwerman, de una vida entera en el teclado, hizo sonar los acordes tan clásicos de “Listen to Your Heart”. Christoffer Lundquist, uno de los dos guitarristas -y para Per “el último hippie vivo en Suecia”-, interpretó “La voz de los ‘80” de Los Prisioneros, en un snippet instrumental que se acompañó con los coros de un recinto extasiado por cada as bajo la manga del grupo.
Tras sus presentaciones en 1992, 1995, 2011 y 2012, el regreso de Roxette a Chile fue tan mágico como ese cierre a cargo de “Queen of Rain” con todo el Movistar Arena petrificado y apreciando un catálogo variado y que se mueve entre secuencias rock y los megahits del pop europeo de antaño, como “Dressed for Success” y “The Look”.

La fascinante Lena le dedicó a Marie su interpretación de “It Must Have Been Love”, en un momento que generó escalofríos y, era que no, un karaoke desatado entre una audiencia fanática y que estaba allí no para llenar un asiento, sino para regocijarse con las canciones que creció y caminó a la adultez.

Y hubo más de esos momentos que tocan las fibras sensibles: “Church of Your Heart” acústico con Per y su armónica, “Spending My Time” únicamente con Per y Lena en la penumbra, y un sinfín de gráficas en la pantalla que sazonaron la experiencia hasta convertirla en una superior, transversal, renovada.
Roxette no solo vive y es recuerdo. Tiene a Per, que mira al futuro también como solista. Y a Lena, que más que un homenaje a Marie suena como una reversión de la banda adecuada a los tiempos de hoy. Así, son clásicos de ayer que verán el mañana.










