top of page
  • Instagram
  • Youtube
  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
  • CORREO

Rawayana en Chile 2026: una fiesta que convirtió al Movistar Arena en una pista de baile

23 ago
3 min de lectura

Rawayana en Chile 2026

Agustina Salinero | Sábado 22 de agosto 2026

Fotografías: @lukascruzat



Síguenos en todas nuestras redes sociales como @allaccesscl


Rawayana en Chile 2026 abrió sus tres fechas sold out con una noche de música, identidad y celebración


Un sábado cualquiera puede terminar convirtiéndose en una noche para recordar. Eso fue precisamente lo que ocurrió este 22 de agosto, cuando Rawayana regresó a Chile para abrir el primero de sus tres conciertos programados en el Movistar Arena.


Y decir que fue simplemente un concierto sería quedarse corto. Desde los primeros minutos, el recinto dejó de funcionar como un tradicional escenario para transformarse en una gigantesca pista de baile. Miles de personas cantaron, saltaron y bailaron prácticamente durante toda la presentación, en una celebración que mezcló música, identidad, nostalgia, emoción y, sobre todo, ganas de vivir el presente.



Después de su paso por Lollapalooza Chile 2026, la agrupación venezolana volvió a encontrarse con su público nacional en un contexto completamente diferente. Esta vez, el desafío era mayor: tres fechas consecutivas y todas con entradas agotadas. Una gran tela blanca cubría el escenario mientras los integrantes de la banda permanecían ocultos detrás de ella. Entonces comenzaron los primeros acordes de “Soltero” y la tela cayó. La escena fue suficiente para entender lo que ocurriría durante las siguientes horas. “Bienvenidos a la Tierra” y “Dame un break” mantuvieron inmediatamente la energía arriba, mientras el Movistar Arena comenzaba a comportarse como una fiesta mucho más que como un concierto tradicional.



Uno de los grandes aciertos de esta gira está en su propuesta escenográfica. El escenario fue construido conceptualmente como una casa, con distintos espacios que permitían a los músicos y bailarinas desplazarse por una representación cotidiana del hogar. Dos bailarinas acompañaron a Beto Montenegro durante buena parte de la presentación, aportando movimiento y reforzando la dimensión visual del espectáculo.


En medio de la fiesta, Beto Montenegro se tomó unos minutos para hablar directamente con los asistentes.“En esta gira, uno de los propósitos... es que en algún momento de la noche cierren los ojos y manifiesten algo bonito para ustedes, para su familia o para el mundo”.



Porque detrás de las luces, los bailes y las canciones existe una intención evidente de generar una experiencia colectiva. No se trata solamente de escuchar a Rawayana, sino de formar parte de algo. Y esa idea también apareció en el polerón que Beto llevaba durante la presentación, que mostraba un código QR correspondiente a la Fundación After, iniciativa vinculada a la recaudación de fondos para apoyar a víctimas del doble terremoto ocurrido en Venezuela. La celebración, entonces, adquiría otra dimensión: disfrutar, pero también compartir.


Uno de los mayores atributos de Rawayana es su capacidad para convertir situaciones aparentemente pequeñas en canciones capaces de llenar un recinto, “Cimarrón” y “La noche que no había Uber” son buenos ejemplos de ello.



Lo mismo ocurre con “Feriado”, una canción relacionada con esa costumbre venezolana de crear canciones propias para celebrar los cumpleaños. Beto Montenegro la describió como una “costumbre atorrante”, pero precisamente ahí está parte de la riqueza de Rawayana: convertir esas tradiciones aparentemente simples en elementos de identidad.

Después llegaron “Hora loca” y “Mimir”, llevando al escenario otros códigos de las celebraciones venezolanas y latinoamericanas.


Rawayana trasladó posteriormente su propuesta hacia el centro del Movistar Arena.

La escenografía cambió y apareció una mesa de DJ. Los propios integrantes comenzaron a musicalizar la fiesta con canciones que iban más allá de su propio repertorio. Las pantallas mostraron a personas ubicadas en diferentes sectores del público. Ya no había un artista interpretando canciones frente a miles de personas, había miles de personas formando parte de una misma fiesta. Y esa probablemente sea una de las claves del éxito de Rawayana: su capacidad para convertir un concierto en una experiencia social.


Cada presentación de esta gira cuenta con un invitado especial que se mantiene en secreto hasta el momento de su aparición. Para esta primera noche el invitado fue Willy Rodríguez, vocalista y bajista de Cultura Profética quién apareció sobre el escenario para interpretar “Saca, prende y sorprende”.



Uno de los momentos más celebrados de la noche, el cantante mostró al público el Latin Grammy obtenido recientemente por “Veneka”. Rawayana decidió llevarlo al escenario y compartirlo directamente con sus seguidores. La respuesta fue tan contundente que la canción tuvo que ser interpretada nuevamente. El premio se convirtió así en un símbolo que iba mucho más allá del reconocimiento de la industria: era presentado como un logro compartido con quienes han acompañado a la banda durante su recorrido.


“Inglés en Miami” y “Se vienen cositas” fueron las canciones encargadas de llevar la noche hacia su desenlace y despedir un lo mas alto la primera noche.

 
 
bottom of page